¿Por qué beben los adolescentes? Nueva Columna de Fernando Fedriani.

 Otra vez nuestro profesor y secretario Fernando Fedriani, 

nos sorprende con una nueva columna en el 
periódico local AlcaláInformación. 
Esta vez su artículo se titula ¿Por qué beben?
trata de la opinión que tiene Fernando
sobre por qué los adolescentes beben alcohol 
y todas las razones que hay detrás de ello. 

Sin más dilación os dejamos con su artículo extraido de AlcaláInformación.


 El Guerrero LUVI. Fernando Fedriani "¿Por qué beben?"


  Suele decirse que nuestros adolescentes beben demasiado.
Supongo que los que los acusan de beodos,
los que les recriminan que no están aprovechando su realidad,
poco recuerdan de lo que fue su pasado.
Supongo que todos hemos pasado por alguna
etapa de nuestra vida en la que nos hemos enfrentado a
sucesos irrebatibles.
Todos hemos vivido momentos insoportables.
Todos hemos sidojóvenes y hemos odiado al
mundo… y el mundo nos ha odiado a nosotros, claro.
Por todo ello, no comprendo que se les recrimine a los adolescentes la ingesta de alcohol.
¿No queremos recordar lo que fuimos… o bebimos tanto que hemos llegado a olvidarlo?
Tal vez, las dos cosas se den.

  Ellos son lo que fuimos.
Fuimos jóvenes y son jóvenes.
Y con frecuencia a los adultos nos apena no ser adolescentes
y los odiamos un poco porque ellos sí lo son.
Echamos en falta sus desvaríos, añoramos sus carencias de sentido.
Con frecuencia, los adultos negamos la importancia de la adolescencia y nos volvemos tan intolerantes como nuestros padres lo fueron con nosotros.
¡Albricias! Será que es ley de vida, supongo.
Pero también supongo que debemos recordar para enseñar.
Debemos entender lo que supone dejar la infancia marchita.
Debemos recodarnos con la cintura repleta de vellos,
con la mente confusa, con el corazón desenamorado, perdido y frágil.

  Pero… ¿cómo podemos ignorar los síntomas?
Que los adolescentes beban no es una noticia.
Que hagan botellón, llegado el fin de semana, no supone una noticia.
Que se destruyan, que se anulen y que se hagan daño, no es ninguna trasgresión.
Son los usos sociales y ellos los siguen,
porque los hemos educado para que nos odien y para que beban.
Beben porque están educados en eso, porque la eucaristía es un brindis, literalmente,
y todas nuestras fiestas se basan siempre en lo mismo.
¡Qué novedad! ¡Qué noticia! ¡Los jóvenes beben!
¡Los jóvenes beben todos los fines de semana!
¡Los jóvenes se emborrachan y no sabemos hablarles para que nos entiendan!

  Eso no es la pregunta.
La pregunta no es: ¿qué podemos hacer para que nuestros hijos no beban?
La pregunta es, ni más ni menos, ¿por qué beben? ¿Por qué lo necesitan?
¿Por qué les resulta tan fuerte el peso del grupo?
¿Qué les lleva a querer nublar su razón, a anular sus sentidos?
¿De qué se evaden? ¿De qué demonios tratan de escapar?

  Supongo que están ahí. En su pellejo y en sus cuerpos.
Supongan que tienen que lidiar con las esperanzas de una nación.
Supongan que sus padres cada día los miran con cara de fracaso.
Supongan que tienen que soportar que todo el fantasma del paro les cerque.
“Todo estaba mejor antes”, te dicen. Constantemente.
“Todo está perdido”, te dicen.
“El futuro es negro, nada puede hacerse para salir de esta crisis”, te dicen.
Pero ellos son los hijos de la crisis.
Ellos tienen que vivir en ese futuro al que llamamos negro.
Los adultos hemos hecho nuestra partida en tiempos donde remar resultaba más fácil,
pero los jóvenes tienen que pelear todavía.
Pelear cuando todo está perdido es demasiado complicado.
Pelear cuando sabes que perderás, cuando la derrota se da por segura
y por de pronto, es imposible.
Ellos no pueden luchar porque nadie les dice que podemos mejorar,
que podemos salir, que podemos ganar.

  Nadie espera de ellos que cambien el mundo.
Y cuando se les dice que luchen por sus sueños, se les dice “siempre” con la boca muy pequeña.
Tendrás que irte al extranjero, llegarás al mercado laboral en el peor momento de la historia.
Tu hipoteca chupará tu sueldo durante cuarenta años.
Conocerás el desamor, conocerás el divorcio.
Nada se espera de ti, hijo.
¡Estás acabado, antes de empezar!
Porque vas a heredar una tierra quemada.
Ni el campo vale, hijo. Ni el campo da nada, hijo.
Estás acabado. Estás perdido.
Estás roto. Tu vida es… un sinsentido.
Porque nada en este país funciona, hijo.
Porque llegaste en un momento en el que los ideales han dejado de significar algo.
Todos somos demasiado listos como para creer en los sueños, y las
palabras bonitas son semillas yertas, rincones vacíos de luz, esmeraldas gastadas.
Nada de nada. Vale.

  Y ellos, en el instituto, apegados al ordenador, con la mirada repleta de wassap, de contradicciones, acumulan un montón de odio, que no saben comunicar, y que no se transfigura en ningún emoticón.
¿Cómo te digo que te odio?
¿Cómo te muestro mi odio?
¿Cómo te comunico que me has jodido la vida por heredarme este rincón gastado, este presente sin brillo?
¿Cómo te digo que este legado de
la crisis, que este tesoro hipotecado, es una farsa?
Porque puede que siga las pistas y que encuentre el tesoro.
Pero el tesoro le pertenece al banco. Y estamos todos cansados de echarle la culpa a los bancos,
a los políticos, a los poderosos… ¡a no sé quién!

  No sé a quién odiar. Antes los jóvenes odiaban. ¿Ahora qué?
Antes los adultos eran el confort y los jóvenes la rebeldía.
Ahora las manifestaciones están repletas de adultos y los jóvenes piden sitio para quejarse,
pero tienen miedo.
No encuentran su sitio, porque no lo tienen.
Los adultos lloran por ellos.
Y solo pueden mirar con el tejido roto del sinsabor que desangra sus latidos rotos.
¡Quiero ser el yo que antes lo sembraba todo de caos, no los adultos!, piensan.

  Y ellos, entretanto, sin rasgos de épica quedan, cayados.
Vigilan casas desoladas.
Vigilan reinos desolados.
Vigilan vidas anidadas por el fantasma ocre de las mil vergüenzas.
¿En qué van a creer? ¿En qué van a crecer?
¿Para qué van a luchar? ¿A qué santo o a santo de qué van a rezar?
Porque tienen miedo.
Porque están solos.
Porque tienen miedo.
Porque nadie tiene respuestas para ellos.
Por eso beben. ¡Por eso beben! Por eso beben los adolescentes.
Beben para olvidar que de ellos esperamos que cambien las cosas.
Y, sin embargo, nadie tiende nuestra fe.
Tienen la culpa y tienen la carga. Pero no tienen el combustible, ni la esperanza.
No tienen. No tienen nada. No tienen nada.


Fernando Fedriani. El Guerrero LUVI.

Por: Gabry Cano

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